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El poder de la oración.

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El poder de la oración.
2026-10-06

El poder de la oración.

Salmo 34:7
El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen,
Y los defiende

Los que oran también participan

Se cuenta una historia verdadera atribuida a David Livingstone (1) que comienza en una pequeña iglesia de Escocia.

Un misionero había regresado de África para compartir las necesidades de aquella tierra y animar a otros a servir allí. Era una jornada fría y lluviosa. Al encontrar pocos asistentes, muchos de ellos ancianos, sintió cierto desánimo: esperaba encontrar personas que pudieran acompañarlo.

Aun así, presentó su mensaje. Al terminar, preguntó quién estaría dispuesto a ir. Un niño que ayudaba al organista respondió que él quería hacerlo. Según el relato, aquel niño era David Livingstone. Le recomendaron estudiar medicina para servir como médico misionero.

Años después, ya en África, un jefe de una tribu cercana amenazó con atacar su campamento y matar a todos sus ocupantes. Livingstone oró, angustiado. 

El ataque no ocurrió.

Tiempo después, aquel jefe se hizo cristiano. Entonces le preguntaron que qué pasó aquella noche y porqué no vivieron a matarlos.

Al preguntarle por esto el jefe dijo: Sí, si fuimos, pero nos fuimos, porque habían visto treinta y nueve enormes guerreros protegiendo el campamento.

El misionario no entendía nada, pero durante una visita a Escocia: Contó este relato y el pastor se sorprendió, ese día le sonaba de una reunión especial de oración y al comparar la fecha con los registros de su iglesia, la persona encargada de los registros de la iglesia le preguntó si recordaba la fecha de aquella amenaza. Livingstone la indicó y, al consultar las anotaciones de las reuniones de oración, encontraron algo sorprendente: ese mismo día, treinta y nueve personas se habían reunido en aquella iglesia de Escocia para orar por él.


¡No subestimes la oración! 

Ora por tus hijos, por tu familia, por los hermanos y por tus pastores y por quienes están pasando una prueba. Pregunta cómo están. Escucha sus necesidades. Y sigue orando, aunque la respuesta tarde en llegar.

Cuando dices «voy a orar por ti», conviértelo en un compromiso. Que esa persona tenga un lugar en tus oraciones, además de en tus pensamientos.

No hace falta hablar con elocuencia ni encontrar las palabras perfectas. Acércate al Señor con fe y dile: «Padre, tú conoces lo que está viviendo. Sostenlo, guíalo y muéstrame cómo puedo ayudarlo».

Piensa hoy en alguien. Ponle nombre a tu oración y empieza. No sabemos de qué manera responderá Dios, pero podemos confiar en su amor y en su cuidado.

«El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen,
Y los defiende».

Salmo 34:7 



(1) Nota: David Livingstone (1813–1873) fue un médico, misionero cristiano y explorador escocés, conocido por sus viajes por África y su denuncia del comercio de esclavos.